El impacto
Me desperté sobresaltado. La frente y las manos empapadas en sudor. El sonido del cuerpo contra el metal aún resonaba en mi cabeza. La vibración de los frenos todavía la notaba en mis piernas y brazos.
Miré mis manos temblorosas, manchadas de un leve polvo invisible, como si la culpa se aferrara a mí. Me levanté y caminé hacia la ventana; el paisaje nocturno no me ofrecía respuestas, solo el eco de mi memoria insistía una y otra vez. «No lo vi venir».
Me senté en el borde de la cama, aferrándome con fuerza al reloj que había cogido de la guantera del coche; marcaba las 3:15. Lo giré entre los dedos, intentando cambiar algo que ya no podía cambiar. «No fue mi culpa», me repetía, aunque las palabras me parecían cada vez más carentes de sentido. En la mesa, la carta que nunca envié seguía allí marcada por el paso del tiempo.
La carretera estaba vacía, salvo por las sombras de los árboles que se alargaban bajo las luces de los faros. Miré el reloj, en un gesto mecánico, y lo volví a poner en la guantera sin darme cuenta de que el tiempo estaba a punto de detenerse. El impacto llegó como una explosión, el cuerpo golpeó el capó y cayó al suelo. Frené en seco y en ese instante lo supe: algo irreversible había ocurrido. Salí del coche, el aire frío se clavaba en mi piel. ¿Está bien? Grité, pero nadie respondió.
La carretera se abría como un túnel oscuro delante de mí. Estaba cansado, saqué el reloj de la guantera, marcaba las 3:13. Había tomado ese camino por instinto, quizás para evitar algo que no podía explicar. El cielo nocturno parecía pesado, cargado de algo más que nubes. Es entonces cuando delante de mí vi aquella figura. Fue solo un instante, antes de que todo terminara.
«Deberías de tomar otro camino» me había dicho una voz en mi mente, aunque no la escuché con claridad. Yo no sabía por qué había decidido guardar ese reloj antiguo en la guantera del coche, pero algo me había impulsado a hacerlo.
Lo mismo que me hizo cerrar la puerta de la casa sin firmar la carta que aún descansaba en la mesa. Al final, todo parecía casual, irrelevante. Sin embargo, ese pequeño hecho pudo haberlo cambiado todo.