Cuentas pendientes
El taxi se detuvo frente a las oficinas de la ONU en Ginebra. Henrick Hansen bajó con torpeza. Contra su pecho sujetaba con fuerza un cuaderno amarillento.Respiró el aire fresco de la soleada mañana; no lo haría muchas más veces. «Dos meses, quizá menos», le había dicho el médico. Veinte años atrás había entrado por…
