La peste negra
Amanecía en el Monasterio de San Prudencio, aquella fría mañana de otoño de 1352, con el sonido del gallo. Ajeno a todos los sucesos del mundo exterior. Las noticias que llegaban, pocas y poco fiables, para nada hacían cambiar las costumbres que regían su vida diaria. Las horas instauradas por San Benito se seguían con…
