Cuentos y relatos

  • «La caliente Molly»

    Parte III y última Después de salir del bar, se acercó a un barco pequeño de pesca; una persona estaba guardando unos aparejos. Cuando se hubo presentado, le preguntó si les podía llevar a él y a su mujer a Mc. Carthey. Quedaron de acuerdo en el precio y, al poco rato, estaba de vuelta…

  • «La caliente Molly»

    Parte II —Shut, Shut —llamó en voz baja Shirley, a la vez que golpeaba suavemente con los nudillos la puerta de su cuarto. —¿Qué quieres? —se oyó desde dentro— espero que sea algo importante, he tenido mala noche y me duele la cabeza. La noche anterior había tenido un encontronazo con un par de tipos…

  • «La caliente Molly»

    Parte I «La caliente Molly» no era el burdel más elegante de Mc.Carthy. Sus putas no eran las más selectas del lugar, aunque tampoco las peores. Pero eso a nadie le importaba aquel invierno de 1923. En la calle un metro de nieve y dieciocho grados bajo cero. Los mineros de Kennicott, a pesar de…

  • Barandado

    Rosa volvía a su casa con un enfado morrocotudo. Había discutido con Manuel, su novio, por lo mismo de siempre. Le gustaba gastar bromas, a pesar de que ella siempre le decía que no le hacían gracia. Pero él seguía y seguía. Por ese motivo, esa noche lo había mandado a freír espárragos. Mientras andaba,…

  • No sé qué pensar

    Siempre que pasaba por aquella calle, camino del trabajo, me fijaba en esa puerta de madera. Estaba junto a un supermercado pequeño. No había ningún cartel, nada que indicara para qué se utilizaba. Quizás, lo que inicialmente solo fue curiosidad por una bonita puerta de madera tallada, pasó a ser casi una obsesión. Sobre todo…

  • Seudónimo

    Cuando se despertó esa mañana, Tomás, “Racu” para los amigos, estaba envuelto en sudor. El pijama empapado y la almohada fría por la humedad. El pelo, por lo general rizado, era una masa pegada y aplastada. El mismo se dio cuenta, al sacarse el pijama, que olía fatal. Después de darse una ducha, comenzó a…

  • Somos como… animales, borregos, estúpidos… ¿qué somos?

    El primer golpe ni lo vio venir. Le llegó por la espalda con un bate en plenos riñones. Se encorvó y cuando estaba encogiéndose por el dolor, le llovieron el resto. Patadas y más golpes, hasta que el que los propinaba se cansó. Alto, delgado, pantalones de chándal a juego con la sudadera. La capucha…

  • Víctor «Alfiler» Gazte

    El hombre, cuanto menos, tenía una curiosa figura. Rollizo, sin cuello, con el talle más que amplio, de pierna escasa, brazo largo, dedos cortos y amorcillados. Recordaba a una figura de Botero. El gusto por la comida y el vino, unidos a su más que conocida afición por los sillones cómodos y la vida sedentaria,…