La próxima vez que despierte…
Julia, como cada mañana antes de comenzar su ronda de visitas a los enfermos de su planta, pasó un momento por la habitación de Matías.
Desde que ingresó, le había parecido un anciano muy simpático y educado. Conforme fue pasando el tiempo, había ido surgiendo un pequeño lazo entre ambos, que terminó en la costumbre de visitarlo el primero todos los días.
—¿Qué tal ha dormido hoy? —preguntó nada más entrar en la habitación.
—Hola, Julia, ayer por la tarde pude ya andar unos pasos, pero ya sabes que estoy de prestado y la próxima vez que despierte será la última.
—No piense esas cosas, en unos días podrá volver a andar, la operación habrá quedado atrás y su vida volverá a la normalidad.
—Yo sé que no es así, ya estoy de prestado, volvió a repetir, mañana…
Cuando Julia paró a media mañana a tomar un café, en la sala de descanso salió el caso de Matías. El personal al completo, desde enfermeras a médicos, estaban convencidos de que Matías comenzaba a tener demencia senil.
Esa manía suya de que la siguiente vez que despertara sería la última, ya era una cantinela conocida por todos. Todas las visitas que tenía, que no eran muchas, lo comentaban. En fin, una pena porque era un hombre muy agradable.
Julia no estaba muy de acuerdo con esa idea que había ido calando sobre la senilidad.
Por su parte, Matías, por la noche, en sus sueños, rememoraba partes de su vida, como si estuviera ensayando para cuando se fuera de verdad.
Revivía esos momentos que le marcaron, ese hijo que murió porque él no estaba en casa cuando se cayó…
Trabajaba muchas horas, pensaba que el llevar dinero a casa era lo más importante; después de aquello, su mujer lo dejó.
Cavilaba con lo que le diría a su hijo y a ella cuando volvieran a encontrarse en la otra vida. Era un sueño único, perturbador, pero él entendía que necesario.
Así, cada despertar era una especie de capítulo nuevo que se abría, luego, el trascurrir del día y de vuelta a su preparación. «Todas las noches ese suspense de si ya llegaba esa última vez».
—Hola, Matías, ¿qué tal está hoy? —preguntó Julia cuando entró en la habitación.
—Julia, llevo mucho pensando que llegaba mi último despertar, pero esta noche ha sido distinta. He hablado con mi hijo y mi mujer; me han dicho que me quieren y que deje de pensar en la muerte.
Julia lo miró en silencio, no sabía qué responder.
Matías sonrió débilmente y dijo.
—La próxima vez que despierte… será la primera.
