El reflejo

Sufjan Stevens – Death with digmity

Con las manos limpia el vaho que cubre el espejo del cuarto de baño y se las lleva a la cara, como si quisiera quitarse algo invisible que no llega a reflejarse, mientras susurra unas palabras que ni él mismo consigue escuchar.

Estas se pierden en el aire como su reflejo en el espejo empañado. «Algún día», pensó. Mientras las paredes del baño parecen observarlo, sale dejando tras de sí la habitación vacía y un silencio que parece respirar.

Cinco minutos antes, en sus manos descansaba un cuaderno abierto. En sus páginas se apreciaba una caligrafía desigual, escrita con apresuramiento. En la última línea se podía leer: «No puedo seguir así, soy lo que soy».

Lo leyó una y otra vez hasta que su rostro cambió de expresión y, dando un fuerte manotazo, lo arrojó todo al suelo.

Esa misma tarde, en la reunión del club de golf, se había mostrado con seguridad y aplomo, exhibiendo una sonrisa perfecta. Sus gestos medidos, todos cuidadosamente ensayados, mostraban una presencia impecable. Para todo el mundo él era el correcto caballero. No se permitía que trasluciera otra cosa.

Ninguno de los allí presentes percibió la vacilación en sus ojos, ni el rastro de su yo oculto, bajo esa inmaculada fachada.

Horas antes de la reunión, solo, en su habitación, miraba su propio reflejo en el espejo. Su difuminada máscara parecía hacerse visible en él, aunque su rostro permanecía nítido, imperturbable.

Entonces susurró: «Algún día te atreverás a dejarme». Cerró los ojos y asintió; allí no había nadie para escucharlo.

Relato presentado en la exposición «La Mascara» del colectivo El hombre que fue jueves.